Este año, decidimos empezar nuestro largo periplo con una visita sorpresa a la Tía Christine en Libourne. El viaje fue bastante largo y un tanto caluroso, pero llegamos a buen puerto justo a la hora del bendecido “apéro”, Dios de las almas perdidas.
Brindamos por la felicidad de estar de nuevo todos juntos y disfrutamos de una buena charla a la fresca después de una suculenta cena.
Al día siguiente, paseo matutino por el Condat, una agradable caminata entre los viñedos sin olvidar visitar la bellísima capilla de Notre Dame de Condat que, por una vez, estaba abierta.
El día iba a ser caluroso y bochornoso, lo ideal para las uvas a punto de ser recogidas para crear uno de los néctares más famosos del mundo.
Después, la Tía nos invitó “Chez Rémi” donde comimos por tres y bebimos por dos.
Después de la siesta, nos ofrecimos un pequeño paseo digestivo por las orillas de la Dordogne para acabar en una cervecería un tanto ostentosa. El mismísimo Bacchus debía alegrarse al vernos tan contentos.
Al día siguiente, “Tariquet” con la Tía más entusiasta que nunca, y pequeña vuelta por Dardenac, el pueblo de mi infinita infancia, feudo de la abuela, donde el gran Sultan se digno a saludarnos.
Antes de despedirnos de l’Entre deux mers, ultima cerveza en la plaza del mercado, con unos kilos de más de la cuenta. ¡Benditas vacaciones!
































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