martes, 15 de octubre de 2019

El paseo de los recuerdos, Erromardie, septiembre de 2019.

Mi amigo Xavi tenía que venir a comer a nuestra fantástica Mobil-home, pero como lo teníamos todo a punto gracias a mi niña previsora, tuvimos tiempo de dar una pequeña vuelta una vez más por el “Sentier du litoral”.

La verdad es que no nos cansamos de dicho sendero que discurre por la costa, nos encanta su sinuoso recorrido lleno de sorpresas visuales y siempre es un verdadero placer volver a disfrutar de sus encantos.







A la vuelta, vimos unos potiocs cabalgando por una de esas praderas verdes que siempre nos fascinan.



Después del pollo asado con Xavi, que de paso acababa de comer con su madre, nos fuimos los dos hasta la playa d’Erromardie para emprender nuestra aventura del día, eso sí, dejando a mi sirenita disfrutar del sol y de la playa.





No había demasiado riesgo ya que la marea iba bajando. No obstante, había que ir con cuidado, una mala caída puede resultar bastante peligrosa.







Una colonia de gaviotas nos dejaron pasar protestando por haberles fastidiado su siesta peregrina. Pero las gaviotas siempre se quejan, hagas lo que hagas.










Seguimos caminando sin descanso, saltando de piedra en piedra, buscando el camino más seguro y menos arriesgado.





La belleza de esta parte del litoral es abrumadora. Además fuimos los únicos en franquear esta puerta invisible y pasear por debajo de aquellos milenarios acantilados, fieros guardianes de la costa.













Llegamos a vislumbrar el dique de Sainte Barbe, pero por prudencia decidimos emprender el camino de vuelta. Mejor no tantear la suerte, sobre todo cuando la tienes de tu lado.




Durante la vuelta, pudimos subir a lo que quedaba de la Pile d’Assiette, para así contemplar toda la costa, volviendo a casa con bellos recuerdos y grandes momentos por compartir.






Gracias a Xavi, mi amigo de la infancia, por haber participado  en esta pequeña aventura por las tierras de nuestra infancia, la que abruma y que nunca se olvida.




Nada mejor que una cena entre amigos para despedirnos de un día tan intenso. Eso sí, hacía un frío de los mil cojones aquella noche en el “Bistro du Mata”.






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