martes, 8 de octubre de 2019

Días de descanso en Erromardie, septiembre de 2019.

¿Qué hacer cuando el tiempo está lluvioso, el océano intrépido y con ganas de mucha tranquilidad?

En el Camping de la Ferme, tenemos una impresionante piscina cuyo techo se cierra cuando el temporal se vuelve belicoso.

Y es donde nos refugiamos aquel día de lluvia: clases de buceo para animar a mi Sirenita de bañera. Fueron más de tres los intentos, pero los progresos fueron realmente impresionantes.





Al día siguiente, el sol había vuelto, y como la patita de mi niña caminadora no se había recuperado del todo, fuimos hasta Saint-Jean por el Sentier du litoral, abrazando árboles y mirando más allá del horizonte a los veleros del tiempo.






En Saint-Jean, la marea estaba extremadamente baja, todo un espectáculo, igual que el mercado cubierto donde compramos queso de cabra y pastel vasco.




Al final del día, disfrutamos de una ensordecedora puesta de sol desde el Bistro du Mata, nuestro punto de reunión nocturno.





Día de playa y de buceo oceánico: le encanta a mi niña la playa d’Eromardie, sobre todo cuando la marea está baja y se puede nadar en las grandes piscinas naturales formadas por las rocas de la costa… sin olvidar las extraordinarias nubes para charlar un rato en silencio.




Al final del día, nos fuimos a casa de Phil, de nuevo por el Sentier du litoral, pasando por una versión surrealista de la playa de Saint-Jean. Cabe decir que la vuelta a oscuras por el mismo camino fue una experiencia inolvidable.







Para acabar con nuestros día de descanso, un poco de ejercicio por el Sentier du litoral nos vino de perla, con mi niña exploradora abriendo el camino revoloteando como una mariposa enfurecida.










No nos fuimos muy lejos ya que mi bella aún no se había recuperado del todo de su pie y sobre todo porque empezaron a atacarnos desde el cielo. Pero volvimos a la Ferme sano y salvo y con mucho apetito.






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