Llegamos a nuestra casa rural situada en el Vale d’El Rei después de haber comido pescado en un excelente restaurante de Carvoeiro , un pequeño pueblo portuario situado a unos kilómetros de nuestro destino.
Una vez instalados en nuestra casa: cervecita y siesta al lado de la piscina de agua salada, disfrutando del silencio apenas perturbado por el suave tintineo de las ovejas pasteando en el valle.
Al día siguiente, decidimos emprender una ruta siguiendo un sendero que transcurría a lo largo de la costa. Nuestro periplo nos llevó de Praia de Benagil hasta la Praia do Barranquiho, bajo un calor más que sofocante.
Cabe decir que el espectáculo que ofrece la costa de Carvoeiro es simplemente excepcional, las fotos hablan por si solas.
Mi niña mariposa de playas, como siempre, emprendió el vuelo, siguiendo la brisa marina como un hada encantada.
Llegamos hasta Praia do Barranquiho bastante asados y decidimos dar vuelta atrás, no sin antes comprar un granizado bien fresco para que nuestro regreso fuese más liviano. Volvimos más morenos y maravillados, con recuerdos visuales compartidos juntos.
Al llegar el final de la tarde, cogimos el coche hasta Ferragudo, un pequeño pueblo pesquero situado al lado de Portimao.
Bajamos por el barrio más humilde del pueblo, totalmente silencioso y abandonado, hasta llegar a la parte baja, la más turística, donde se encuentran la mayoría de los restaurantes y tiendas de recuerdos.
Nos quedamos en la Casa grande porque era el único sitio ileso de turistas hambrientos. La especialidad de dicha casa: Comida enlatada típica dePortugal.
Volvimos con la luna de acompañante, cruzando de nuevo el umbral mágico de los sueños.








































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