Después de nuestro periplo por las playas de Carvoeiro, subimos hacia el norte de Portugal hasta llegar a nuestra casa rural situada en Janas, en medio del Parque natural de Sintra-Cascais.
Aprovechamos el final de la tarde para visitar el litoral. Primero fuimos a Azenhas do Mar, un magnífico pueblo costero enclavado en el filo de los acantilados.
Todo el litoral es extrañamente salvaje, con un mar enfurecido cuyas olas se rompen día tras día en los inmensos acantilados que custodian la tierra firme.
En cuanto a mi niña mariposa, revoloteaba como es su costumbre siguiendo la suave música de la brisa marina, desapareciendo y apareciendo en un sin fin silencioso.
Después, nos fuimos hasta la playa d’Agrada, cuyo fantasmagórico paisaje nos embrujó definitivamente, con un océano a la vez bello y revoltoso.
Mi sirenita jugaba a esconderse entre las rocas, molestando a los cangrejos de costumbres apacible.
Volvimos a Azenhas do Mar con la firme intención de no perdernos el atardecer. Allí conocimos a una pareja muy simpática que nos hicieron fotos desde un Dron volador.
Después… mojitos y música, deleitándonos con un poético atardecer sentados a la orilla del mundo conocido.
































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