miércoles, 6 de junio de 2018

Binibèquer Vell, el Poblat Talaiòtic de Trepucó, y Mahon, Menorca, mayo de 2018.

Era nuestro último día y había que aprovecharlo fuese como fuese, así que, antes de devolver el coche e ir al aeropuerto, nos fuimos de aventura.

Primero visitamos Binibèquer Vell, un maravilloso y antiguo pueblo de pescadores, todo blanco, con su fantástico entramado de calles estrechas que dejan al peregrino deslumbrado. En el centro, hay una iglesia, también blanca, pero sin la madre del toro (ver el día anterior).








Perdí a mi niña y volví a encontrarla antes de perderla de nuevo.



Menos mal que es una niña flor, bella como el sol y dulce como la mar.










El chuxo pasó el tiempo saludando al silencio que lo esperaba en cada esquina, guía perfecto para una visita embrujada.










Descubrimos el antiguo pueblo de Talaiòtic de Trepucó, con sus impresionantes monolitos desafiando el cielo, piedras inmortales cuya memoria esconde aún muchos de sus secretos.










Comimos en Mahon que no tuvimos tiempo de visitar, salvo el trasero de unos caballos de bronce que, cada día, saludan a los fieles que salen de la catedral. Yo digo que hubieran podido poner un toro (ver el día anterior).



La vuelta fue rápida y sin problema, salvo a la hora de comprar los billetes de metro.



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