Ese era uno de estos domingos donde teníamos que salir, sí o sí. Una ruta corta antes de volver a casa para comer con el abuelo. La Casella era el lugar idóneo, no está lejos y conocemos la mayoría de las lagartijas y de las hormigas de aquellos parajes, todo un lujo para no perdernos tan bellos momentos.








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