jueves, 18 de mayo de 2017

Un paseo por La Casella, diciembre de 2016.

Ese era uno de estos domingos donde teníamos que salir, sí o sí. Una ruta corta antes de volver a casa para comer con el abuelo. La Casella era el lugar idóneo, no está lejos y conocemos la mayoría de las lagartijas y de las hormigas de aquellos parajes, todo un lujo para no perdernos tan bellos momentos.

Conseguimos hablar con las hojas, las rocas y las nubes para después contemplar el silencio que, a lo lejos, se desvanecía. Nos dimos la vuelta y volvimos renovados por dentro y por fuera.









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