Para concluir nuestra primera semana de vacaciones en la bella provincia de la Gironde, decidimos emprender una ultima caminata dando una larga vuelta hacia la Montagne Saint Émilion, un recorrido opuesto al de la “Grande boucle”, primera aventura de nuestras vacaciones.
Saint Émilion no tiene montaña pero si que existe un pueblo que se denomina La Montagne y que está situado encima de una alta colina que predomina gran parte de los viñedos circundantes, a unos ocho kilómetros de distancia del pueblo del susodicho santo.
Para los amantes del mundo de la viña, es la caminata ideal. Sólo cruzamos viñedos y viñedos que parecían haberse apoderado hasta del infinito.
Después de una buena caminata bajo un sol matutino, vimos a lo lejos el campanario de la iglesia del pueblo, verdadero faro para los peregrinos ebrios de tantas risas y rezos.
El pueblo, aunque muy pequeño, tiene dos iglesias, tres curas pero ningún obispo. Ahora que estamos en la era de las redes sociales, las misas se hacen directamente por WhatsApp y los sermones por Youtube. ¡Amen!
Volvimos hacia nuestro “Nido Bordelais” santificados, con ganas de una cervecita bien fresca y de unos cacahuetes en forma de ostia sagrada.
Al final del camino, el señor Chuxo tuvo una visión, no sabemos si por la culpa del sol o bien del vinaco que el bellaco llevaba en su cantimplora.



















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