martes, 3 de octubre de 2023

Burdeos misterioso, Gironde, septiembre de 2023.

La mirada de la luna observaba con ternura nuestra llegada a la gran ciudad, sus lágrimas de alegría saludando nuestra preciada llegada.




Puertas y templos aguardaban nuestra entrada por los inmensos portales que nos llevaban hacia otros tiempos inmemoriales.



Pasillos oscuros, santuarios floridos de suaves fragancias, milenarias puertas olvidadas nos dejaban entrever sus antiguas bellezas.






Nos paramos en la casa del Señor Martini donde la amabilidad de las tierras del sur, aquel planeta desconocido, nos prometía con sus néctares la felicidad eterna.



Grandes calles arrebatadas de caminantes en busca del tiempo que se paseaba a su lado, callejuelas oscuras donde el silencio invitaba al peregrino hacia otras visiones, santos predicando la buena conducta desde sus altares, plazas con fuentes prodigiosas y catedrales antidiluvianas donde las Santas vagueaban solas por las calles, este era el viejo Burdeos, el que deseábamos entrever entre dos pasos perdidos.







La “Grande cloche” nos invitó a escuchar sus melodías, dándonos la dirección hacia otros placeres, otras paradas donde descansar la mente de tantos prodigios.








Probamos néctares desconocidos antes de seguir nuestro camino hacia lo incierto, que seguramente estaba en busca de nuestros pasos.




El agua fluía hacia el cielo que le correspondía con su eterno reflejo, iluminando las sonrisas y los corazones.





En cuanto al otoño, siempre aguardado su momento, nos saludó bajo la cálida brisa de los recuerdos.






Victorias, guerreros de los imposibles y Dioses del olvido eran los maestros del cielo y del destino.



Conocimos antros donde fluía el descanso de los que hicieron realidad esta gran ciudad, la de los misterios y de los compositores del silencio que hicieron posible lo imposible.









Con la llegada del fin del día seguimos avanzando hacia nuestro destino, ilusos pero contentos.



Entramos en oscuros prostíbulos donde el alcohol era moneda de intercambio y de palabras susurradas.





La noche llegó para cerrar este largo día con la ayuda de su procesión de estrellas perdidas en medio de un firmamento incierto. Nos fuimos lentamente con la promesa de volver en un futuro que sabíamos lejano. 





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