Esta fantástica ruta empieza en el refugio de la Basseta y se adentra directamente en los mágicos bosques de pinos y abetos, verdadera catedral edificada por la naturaleza misma.
Al principio es todo bajada, cruzando la inmensidad silenciosa del gran bosque que nos sumergió en su belleza hasta llegar a un sendero ancho que sigue el curso de un sinuoso riachuelo ensordecedor.
Al llegar a un cruce de camino, se deja el riachuelo para emprender una subidita templada aunque muy extensa.
Es allí que nos topamos con varios guerreros cuyas armas gastadas habían librado numerosas batallas y contiendas.
Todo lo que sube acaba por bajar, y viceversa, así que el buen frescor de la inmensidad boscosa nos protegió de los asaltos de un sol implacable.
Llegamos a Romadriu, un pequeño pueblo perdido y totalmente fuera de nuestro itinerario.
Dimos unas cuantas vueltas para encontrar el buen camino, pero no tuvimos otra alternativa que volver sobre nuestros pasos para evitar un mal peor… sabiduria de la experiencia dice el sabio.
Volvimos subiendo por el mismo camino con los guardianes milenarios regodeándose de nuestro fastidio. Pero el camino de vuelta fue igual de fantástico que el de ida y disfrutamos de nuevo de su belleza con el ánimo totalmente renovado.
Justo antes de llegar al refugio, nos topamos con unos caballitos que nos acompañaron hasta la gran pradera, meta de su peregrinación.
Después de comer en el refugio, nos paramos en Castellbó, un pueblo de nuevo muy silencioso, con su imprescindible iglesia romántica y su emblemático puente medieval, joya de las mariposas que, después de nuestra partida, continuaron revoloteando hasta hoy si nada se lo ha impedido.















































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