Como tenemos costumbre, solemos dedicar un día al descanso y al turismo rural, así que es con ganas que cruzamos el Parque Natural del Cadí-Moixeró hasta llegar al pequeño pueblo de Castellar de N’Hug, que domina un profundo valle donde el silencio respeta las costumbres ancestrales.
Curiosamente, muchos comercios estaban cerrados, pero eso no nos impidió comprar queso y salchichón, vermut del terreno y vino tinto y blanco para darle color al paladar.
A la vuelta, nos paramos en el Coll de la Creueta porque el señor Chuxo quería volar por encima de las nubes. No lo consiguió pero sí acompañó unos maravillosos instantes a un ave rapaz que nos dejo con las plumas resecas.
Nos paramos en Bellver de Cerdanya para tomar una buena cerveza y unas excelentes tapas en la plaza central que domina el pueblo y que es muy típica de la región.
Para acabar con nuestras peregrinaciones nos dimos un buen paseo por Prullans y sus alrededores. El pueblo suele ser más concurrido, sobre todo por la piscina del gran hotel, pero la parte más antigua es mucho más tranquila y bonita.
Para concluir con una excelente estancia, el último plato del día que probamos fue una especialidad de la casa: piña asada con el toque del “Chef”.















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