Nuestro último día transcurrió bajo la lluvia. Imposible escapar de ella. Con mi niña, nos fuimos hasta Ribeira Grande, donde seguía lloviendo.
Dimos un pequeño paseo hasta el famoso puente, de paso, mi niña flor saludo a un viejo árbol, antiguo compañero campestre de mi bella.
De camino hasta Fuuuuuuuuuuuuurnas, nos paramos en un mirador donde pudimos apreciar que gran parte de la isla estaba presa de las nubes.
Una vez en Fuuuuuuuuuuuuurnas, nos fuimos a ver de nuevo las “caldeiras”, pero está vez en condiciones, y la verdad el espectáculo nos dejó bastante del revés, igual que las casas del lugar, sin hablar de los lugareños que, por cierto, no parecen de allí sino del más allá.
Por el fin de la tarde, nos fuimos cerca de Vila Franca do Campo, al miradouro do Pisado, a despedirnos del sol, del día, de la isla y de nuestras fantásticas vacaciones.


















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