Primer intento, “modo salvaje”, con mi niña Capitana, Chispi, le Txema, el Chuxo parlucho y el Bolo.
La ruta empezó de manera espectacular, con Chispi y el Chuxo que se habían olvidado sus chubasqueros y Bolo ladrando ennegreciendo las nubes que empezaron a dar señales de precipitaciones inminentes.
No obstante, mi Capitana nos llevo hasta los primeros molinos, cruzando puentes y laderas como si se conociera el camino de corazón.
Pero por desgracia, no llegamos muy lejos y tuvimos que dar marcha atrás por culpa del diluvio. Mientras los sin chubasqueros se quedaron debajo de una parada de autobuses, el resto del equipo superviviente se fue a por el coche, a media hora de camino.
Segundo intento, “equipo Alfa”, con Rosanna y David, mi bella Capitana y el Chuxo, la Picot y los Jabatos al completo.
Así que, una semana después, volvimos a intentarlo más rabiosos que nunca, con la libélula de la suerte como aliada inesperada.
Cruzamos todos los puentes, pasando delante de los molinos y de las presas como campeones, haciendo equilibrismo, saltando y cantando al unísono.
Una vez los molinos atrás, nos adentramos en la jungla de los bambúes, con el Jabato dandole “caña”.
Seguimos hasta la gran cascada donde unos almorzaron como si no hubiera un mañana.
El calor empezaba a deslumbrar nuestras almas aturdidas de aventuras, pero seguimos por senderos y barrancos hasta llegar al charco verde, encantador de encantadores.
Valientes pero prudentes, seguimos adelante siempre con nuestra Capitana abriendo el camino, trepando entre la maleza, subiendo rocas y aplastando lagartijas mordedoras hasta llevarnos a la segunda cascada, la de las almas caídas.
Deslumbrados por tanta belleza, el Jabato se dio un patatús de los buenos y se quedó casi más listo que de costumbre. Pero era hora de dar marcha atrás y volvimos a buena marcha descubriendo nuevos caminos inusitados.
Conseguimos volver hasta los coches ilesos, dirección Benifayo, La Torxa y sus infernales cañas.
¿La comida? Espectacular como siempre.
Después, un paseo por el Soho, Gin y Tonic, riquiqui tralala, a casa y a callar.












































































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