martes, 14 de enero de 2020

La Ilheu de Vila Franca do Campo, piscina natural de mi sirenita, Azores, septiembre de 2019.

El día siguiente nos salió de lujo total, así que nos fuimos directos a comprar un billete de barco para navegar hasta nuestra isla

Más nos acercábamos a ella, más nuestros corazones latían de alegría.






Por fin llegamos al paraíso y el chuxín fue el primero a tirarse al agua. Si no fuese por mi niña flor, me tiraba al charco todo vestido y ladrando.






Después, mi niña de agua salada se lanzó a nadar, y no sólo nadó, sino que buceó con los peces como una sirenita profesional. Y lo digo en serio, no paró de dar vueltas y vueltas hasta aturdir al sol mismo.






Después de horas de buceo (dejo lo del snorkel de los huevos a los ingleses), nos volvimos a tierra firme donde dimos una fantástica vuelta a nuestra bella isla hasta llegar al pueblo de Vila Franca do Campo. 














Una vez en tierra firme, nos fuimos directamente a apagar el fuego de nuestros estómagos en llama en el mismísimo restaurante de los bomberos donde comimos sus excepcionales platos combinados. De echo, todos salimos de allí combinados. Hasta creo que, de combinado, unos se han quedado de por vida.









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