lunes, 9 de diciembre de 2019

Lisboa la bella, septiembre de 2019.

Llegamos a Lisboa por la tarde. Nos fuimos directamente hasta el piso que habíamos alquilado para pasar la noche, cinco pisos sin ascensor y con las maletas de cuatro personas, más las del pero, que subir sin rechistar.

Después nos fuimos a pie hasta el centro de la ciudad como animales enfurecidos. Entramos en una de las librerías más antigua del mundo y en una cafetería antigua donde monsieur le Txema se comió un pastel típico del lugar. Quisimos subir en un Tramway pero nos lo perdimos por los pelos del Txema.


















Mi niña alpinista se cayo no sabemos como, pero a cambio se comió un pescado la mar de bueno. Volvimos a “casa” no muy tarde y dormimos como marmotas reventadas. 





Al día siguiente, viaje en avión hasta las Azores, meneando de contentos durante todo el viaje. Al llegar, pasamos cerca de un pequeño islote y nos dijimos ”¡allí tenemos que ir, cueste lo que cueste!”. Y así fue.








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