martes, 11 de diciembre de 2018

Una larga caminata por la canal de Navarrés, Anna, octubre de 2018.

Como de costumbre, llegamos muy pronto para así disfrutar del día como es debido y emprender una larga caminata por esos parajes que, hasta ahora, desconocíamos por completo.

Nuestra primera misión fue bajar hasta el Gorgo de la escalera y su profundo cañón de aguas cristalinas, una de las joyas del pueblo de Anna, una maravilla en todo su esplendor otoñal.





Mi niña, flor de los caminos, quería cruzar las aguas por el pequeño muro de la presa, pero las piedras estaban tan resbaladizas que preferimos evitar un baño matutino. Así que fuimos a ver la cascada desde arriba, un profundo abismo que nos dejó con vértigo.





Dimos marcha atrás, subiendo de nuevo las escaleras en busca de un camino más asequible que, rápidamente, nos llevó en medio del profundo cauce del río.




Después… volvimos a subir hasta llegar a un bosque de pinos seco y jabalis escurridizos, con la capitana de mi corazón haciendo Selfies a cada parada campestre.





Subimos un poco más hasta llegar a una zona más cálida y muy frondosa, rodeando el pueblo cuyos tejados se perdían entre el follaje en perpetuo movimiento.



Siempre delante, mi niña mariposa, jefa del camino, me enseñaba a paso firme la buena dirección: siempre adelante.








Acabamos en una zona aún más seca constituida de matorrales bajos y campos de cultivo hasta llegar a una area recreativa donde, por fin, nos paramos para comer, descansar y refrescarnos como es debido.





Después? Seguimos el riachuelo que nos llevó a una pequeña zona de agua, con su fuente de cinco estrellas.




Entramos en Anna por la parte posterior del pueblo, bajando directamente hasta la Bajada del molino y su mágica cascada de agua salvaje.






Volvimos a subir hasta el Palacio de los Condes de Cervellón cuya magnífica puerta nos dejo con las gansas de volver otro día para una visita guiada.




El reflejo de mi bella sirenita transformó las aguas en oro vivo. Milagro, milagro!, canturreaba el señor Chuxo en pleno delirio de los suyos.






Después de tantos cantos, volvimos a emprender el camino ya que nuestra aventura no había acabado. Volvimos a bajar hasta el cauce del río por un sendero tortuoso, repletos de dificultades que conseguimos dejar atrás como campeones olímpicos.











llegamos justo debajo de nuestro punto de partida, disfrutando de las cascadas que nos devolvieron un poco del frescor perdido durante nuestro largo periplo.






Regresamos rodeando el cañón por un sendero que, por desgracia, se esfumó en medio de los campos de cultivos. Pero con mi niña flor, imposible perder el Norte que, como bien es sabido, está situado al opuesto del Sur.





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