martes, 23 de enero de 2018

Primer paseo por Florencia, octubre de 2017.

Hecho polvorín, decidimos volver hasta el hotel, pero el camino se nos desvió y nos topamos con la Iglesia de Santa Maria Maggiore que nos abrió sus puertas, con el Chuxo entrando y bostezando como un animal ferviente, efervescente e imparable, aunque de pelo raso.




Seguimos caminando un poco, a ver si se nos pasaba el abrumador bajón de la digestión, pero no hubo manera y nos fuimos a descansar un rato al hotel. Menos mal…





Pero volvimos a salir más frescos que el copon y con la firme intención de pasear por las orillas del Arno, disfrutando de las vistas del Puente Vecchio, de las aguas templadas y de sus reflejos lumínicos.








Y así se despidió la noche. Volvimos dando un recorrido sinuoso, unos disfrazándose de muñeco o bien hablando con los caballitos de madera, otros saludando al señor Jabalí, bestia peluda como no las hay y jefe del pantano.






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