miércoles, 18 de enero de 2017

Nuestro prometido paseo por Paris, septiembre de 2016.

Este día, el primero de nuestra estancia en Gambais, nos levantamos con ánimo para disfrutar del amanecer que suele ser bastante impresionante, sobre todo cuando el sol empieza a desplegar sus primeros rayos encima del infinito.

Mi brother Sebastien, Crabus para los íntimos, llegó más fiero y bravo que nunca. Perdimos el tren y llegamos a Paris al final de la mañana, casi a la hora de la comida para los franceses.

Hacía mucho tiempo que mi bella tenía ganas de pasear por Paris de mi mano, por eso estuvimos todo el día caminando, nada de metro, con el chuxo rastreador delante, meneando como un animal loco.







Desde la estación de Montparnasse nos fuimos hasta la plaza Saint-Sulpice donde, por lo visto, rodaban una peli cerca de la iglesia que visitamos para librarnos del calor sofocante que reinaba en la capital.








Llegamos al Jardin du Luxembourg donde mi dulce mariposa se mimetizaba con las flores de los simétricos jardines “a la francesa”.





Mariposa de las flores, mi bella resplandecía en mi corazón, suyo para siempre.





Después, pasamos por el Panteón hasta perdernos por el barrio latino de la capital, paseando por la calle Mouffetard, visitando las arenas de Lutecia y bajando tranquilamente hasta las orillas del Sena, el famoso río que parte la ciudad en su corazón.











Obviamente, teníamos la obligación de visitar Notre Dame, bella e inmortal, cuyas flechas se estiran hasta tocar la bóveda celeste de las almas.









Nos quedamos charlando un buen rato en un café situado en medio de l’île Saint-Louis, hablando de la vida, del tiempo que pasa y que se lo lleva todo.





Acabamos nuestro largo periplo visitando la isla donde, hace mucho tiempo, vivía Antonin Phylifandre, un ingenuo aunque intrépido arqueólogo, gran amigo de mi dulcinea.




Terminamos el día totalmente exhausto, los pies más calientes que el culo de un cazo, salvo mi niña que quería seguir dando vueltas con sus nuevas zapatillas, una maravilla tecnológica de última generación.


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