Llegamos en tren a París a medio día. Esperamos a Paola en la estación perdidos entre el incesante ajetreo de los viajeros de la capital, un espectáculo de lo más curioso.
Pero Paola nos salvó del tumulto y nos llevó a la casa de las mariposas, muy lejos en medio del bosque, y protegida por una verdadera armada de gatos.
Llegó la noche y llegaron los niños, Oceanne y Bixente. Mi bella de las flores quiso enseñarles a hacer la típica paella valenciana, pero aunque habíamos comprado casi todos los ingredientes, nos faltaba lo principal… la paella misma.
“No pasa nada, dijo mi niña, nos vamos a adaptar con lo que hay”. Y es así que nació la famosa Pawok, de la que tanto se ha hablado y ahora tan famosa en el mundo entero.

















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