martes, 15 de noviembre de 2016

Un día con Jakipi, Bordeaux, agosto de 2016.

En contraste con los días anteriores, la mañana se había despertado gruñona, desplegando un espeso abrigo de sombrías nubes.

Pero al llegar a casa de Jakipi, el sol salió de su escondite justo al primer brindis, el último de los primeros.

Enseguida nuestros anfitriones nos invitaron a disfrutar de suaves sabores guisados con amor y mucha sabiduría, un verdadero espectáculo para la vista al mismo tiempo que para el paladar.




Por la tarde, a parte de la tía que decidió visitar a Morfeo, nos fuimos de paseo por la zona portuaria en plena reestructuración de Bordeaux. Vimos antiguas grúas, marea y fango, más marea además de esclusas olvidadas.





Unos perros pintados nos indicaron la dirección de la antigua base submarina del tercer Reich, el que tenía que durar mil años y que acabó remuerto de la risa.




De vuelta a casa de Jakipi, despertamos a la bestia, abrimos más botellas y brindamos a la espera del despertar de las estrellas, estos lejanos soles de la noche.





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