jueves, 20 de octubre de 2016

Peralada, el pueblo perdido del famoso cava fantasmal , agosto de 2016

Para empezar, llegar hasta allí fue toda una odisea. El GPS, el más sabio de todos los cojonudos, nos llevó en mitad de la nada, es decir en medio de un campo de piedras… lo que nos dejó bastante perplejos.

Pero dando vueltas y revueltas, conseguimos llegar hasta este antiguo pueblo medieval donde nos recibió un hombre volador que espantó a mi niña de las flores que se escapó tras un templo preromántico.





La gente del lugar: raros, pero simpáticos. Hasta me señalaron donde se había escondido mi amada golondrina.







Con un poco de paciencia, conseguí encontrarla revoloteando entre las oscuras callejuelas que constituían el laberinto del pueblo.



La volví a ver en un convento, lo que no es convencional conociéndola.




Había una fuente y creímos que era la de los milagros. No bebimos de ella aunque dejamos, por si acaso, algún que otro deseo.




Mi dulcinea de alitas agitadas me llevó hasta una increíble biblioteca, un lugar mágico donde el silencio mismo te cuchicheaba secretos olvidados.






Evidentemente, acabé en la bodega donde nos prometieron probar el famoso cava especial fantasma.



Después, nos fuimos al parque del castillo donde nos esperaba una luna recién levantada.





No vimos fantasmas pero sí unos leones que mi niña consiguió domar enseguida gracias a su maravillosa sonrisa.




Acabamos perdiéndonos de nuevo en medio del pueblo hasta llegar, por pura casualidad, a la taberna del Empedrado que nos dejó probar un suculento nectar embrujado que no me dejo para nada indiferente.






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