lunes, 4 de marzo de 2024

Un paseo por Bugarra, enero de 2024.

Como nos habíamos quedado a dormir en la casa de Bugarra de Txema y Bea, al día siguiente de nuestra excursion en Chulilla nos fuimos a dar un buen paseo matutino para averiguar si aquellos montes tan conocidos no se habían removido por algún descuido, dejando lugar a un poco de asombro.


Creo que aquella es la caminata que más he hecho en mi vida. Antes estaban con nosotros el Malako y el Bolo, pero ahora que descansan en el paraíso de los perrunos buenos, fuimos subiendo hasta la cueva del Viscaino en busca de unos huesitos olvidados por nuestros queridos amigos.










¡Y ya está! Después de subir fuimos bajando aún más rápido, disfrutando una vez más del apocalíptico paisaje de la Serrania baja, nirvana de los matorrales bajos y de sus primos espinosos.










Persiguiendo mi sombra, llegamos al río Turia más que listos para tomarnos unas cañas bien merecidas en la casita, refugio escondido del núcleo duro del famoso Equipo A.








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