No hemos podido evitarlo. Teníamos que despedirnos de nuestro Nido de verano disfrutando por última vez de un largo anochecer en nuestra playa favorita, la de Erromardie.
El día había salido con viento fresco y lluvia esporádica, lo ideal para saludar el final de nuestro verano y de nuestras largas vacaciones por tierras vascas.
Pero no es un adiós sino un hasta luego, porque ya sabemos que volveremos a nuestro Nido el verano que viene, disfrutando de muchas más aventuras, aunque hoy en día nuestros corazones lloran la partida de nuestro gran amigo Xabi, mi hermano de sangre, alma de los soñadores. Pero así va la vida, con muchos días y a veces algunas noches.
A la mañana siguiente, justo antes de coger el coche y volvernos a España, corrí a despedirme una vez más de la playa y de su horizonte infinito.
A estas tan tempranas horas no había nadie más que el señor chuxo, disfrutando de unas saludables bocanadas de aire marítimo, unos efluvios de recuerdos compartidos y que nunca se borraran. ¡Artxiloko gurutzea!








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