No fue nuestra primera caminata por Simat de la Valldigna, pero esta fue una de las más arduas que hicimos si las comparamos con las anteriores.
Esta vez empezamos nuestra ruta desviándonos del camino principal por un barranco bastante agreste pero aún transitable, fresco y un poco en desuso.
Aunque la progresión pudo resultar a veces un poco complicada, la susodicha senda nos hizo descubrir toda una serie de pequeños acueductos que le dio un encanto especial a esta ruta que resultó ser bastante sorprendente.
Como siempre, mi niña exploradora abría el camino, luchando en contra de la maleza, de los mosquitos y de los tigres blancos de río, furtivos pero a veces bastantes peligrosos, sobre todo si tienes los mofletes y los jamones muy generosos.
Evidentemente, cada uno de aquellos bellos acueductos fueron una razón más que suficiente para hacer unos cuantos descansos, acompañados por unas cuantas buenas sesiones de fotos que nos ayudaron a disfrutar plenamente de estos salvajes parajes.
Obviamente, después fue todo subida hasta el Alt de les Àligues, una caminata de las buenas, con sol, brisa y mariposas.
El señor chuxo y su dulcinea de los montes estaban con ganas de darle caña al asunto, así que se subió en silencio y sin rechistar, rezando al Dios de los hongos que el camino sea fresco y bonito.
Está claro que más se sube, más las vistas son impresionantes, con un cielo despejado y luminoso, lo ideal para contemplar el horizonte desde la mejor perspectiva.
Llegamos a la Cova Mallaetes revoloteando, con un sol que se ponía cada vez más arrasador, lo típico para un mes de octubre.
Una vez llegados al Alt de les Àligues, el mar nos ofreció unas de sus mejores sonrisa acompañada por una brisa fresca no desmerecedora de nuestra atención.
Después mi niña de los montes nos llevo por una senda agreste de las buenas, y como el bueno del señor chuxo llevaba pantalones cortos, los espinos le dejaron las patitas bien bonitas.
El sol empezó a ser un problema, menos mal que estábamos bien provistos de agua, porque los chuxines son unos profesionales además que parlanchines y ladradores.
Aquel cami de les Foies fue muy largo pero bonito. Lo mejor fue la bajada por caminos más transitables, muy pocos concurridos y especialmente silenciosos.
La bajada, si es suave y sin complicaciones, puede resultar lo más provechoso de una larga caminata por los montes, y la verdad la disfrutamos sin perdernos ni un ápice de aquellas bellezas naturales.
Por fin llegamos por la zona de los huertos, exhaustos pero felices por haber cumplido y disfrutado de una ruta mas que recomendable.
Pasamos cerca de la capilla próxima a Simat de la Valldigna y entramos por la parte exterior del imponente convento, una de las maravillas de toda la comarca. Creo recordar que una vez en casa, mi niña caminadora se hizo con un Entrecotte de los buenos, la mejor manera de acabar un día caminado por la naturaleza.


































































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