miércoles, 9 de marzo de 2022

La gran vuelta, de Casas de Irati hasta el embalse de Irabia, Navarra la bella, noviembre de 2021.

Nos levantamos pronto para llegar hasta Casas de Irati y su bonita capilla escondida en medio del bosque. No fuimos los primero en llegar ya que todo es carretera de montaña, lo que no alarga las distancias pero sí el tiempo del viaje. Pero somos maestros caminantes y habíamos elegido con antelación una ruta fuera de las sendas más concurridas.


El espectáculo empezó a los pocos pasos con una magnífica explosión de tiernos colores que lo transfiguró todo a nuestro alrededor.



Mi bella niña trepadora abría el camino sin miedo, guiándome con paso seguro hasta las profundidades incógnitas del gran Bosque.







Cada hoja que revoloteaba encendía las sonrisas de mi bella que seguía andando con la mirada iluminada por tantas bellezas ofrecidas.








No hay duda, La selva de Irati es el paraíso de las inmensas hayas, majestuosas desde sus raíces hasta sus cimas que parecerían perderse en la inmensidad del cielo.



A cada instante las hojas se desprendían de sus ramas, cubriendo con un abrigo de cobre los pies de los silenciosos gigantes.








Fue realmente una maravillosa caminata, para nada complicada aunque muy larga y placentera, con una sorpresa en cada rincón, en cada momento.



Al llegar al embalse de Irabia, otro espectáculo nos esperaba, un juego de luces cambiantes entre cielo y tierra, creando un contraste en perpetuo movimiento gracias a las sombras de las nubes que lo transformaban todo a su antojo.


Después de un leve descanso, volvimos a emprender el camino de vuelta, de nuevo utilizando senderos pocos transitados, cruzando el silencio que se había apoderado del universo entero.








La belleza de aquellos parajes ensordecedores nos llevó hasta unos de los corazones del Gran bosque, allí, donde los riachuelos descansan y las ramas se desnudan.





Volvimos a nuestro punto de partida al mismo tiempo que las grandes nubes que, poco a poco, se habían apoderado de toda la virginidad del cielo.



En cuanto a nosotros, nos fuimos directamente hasta el único restaurante del lugar donde nos sirvieron los típicos y básicos platos de la región, una alegría para la vista y la panza del bueno del Señor Chuxo que no dejo ni una miga de sobra. El pobre ni tuvo la fuerza para acabar sus galletitas que se había guardado a consciencia para el final de la caminata.




A la vuelta nos paramos en Ochagavia y sus frías calles. Aunque el sol menguaba, no impidió que mi niña flor iluminará con su contagiosa alegría las callejuelas más melancólicas, entusiasmando hasta los Santos del retablo y las mulas del establo.







Cruzamos el viejo puente del río Zatoria cuyas aguas gélidas discurren hasta su lejano destino.






A punto de dejar el sol atrás, nos despedimos de un fantástico día, disfrutando juntos una vez más de una nueva y bellísima aventura en unos de los parajes más bellos que hemos cruzado.




Al día siguiente, de vuelta hasta Valencia, nos paramos en Olite para visitar su famoso Palacio Real, joya de la corona.



El palacio es real y realmente impresionante. Han desaparecido los caballeros con sus armaduras, reemplazados por hordas de turistas, todos con sus mascarillas, espantando a los fantasmas del lugar.




Nos recorrimos hasta el más escondido de los pasadizos, subiendo y bajando en un sin parar de escalinatas que nos tuvieron entretenidos un buen par de horas.








Si eres listo, el palacio puede llegar a proporcionarte unos momentos de paz, ideales para transportarte más allá de la realidad. Y gracias a la luminosa sonrisa de mi bella, suelo ir sin miedo hasta los confines del mundo.









Menos mal que vivo con una princesa acostumbrada a actuar adecuadamente por estas cortes sin recortes.









Acabamos nuestra visita saludando al último guardián del castillo, superviviente de otra época. Eso sí, no nos fuimos con las manos vacías sino con un par de buenas botellas de tinto con los ricos quesos que les suelen corresponder.






No hay comentarios:

Publicar un comentario