miércoles, 21 de octubre de 2020

Viaje sideral en Menorca, septiembre de 2020.

Vaya grupito excepcional para emprender unas mini vacaciones que el Covid casi había conseguido arrebatarnos. Así que nos fuimos los cinco… igual que los mosqueteros, que ya hemos perdido la cuenta de cuantos eran en realidad ;-)

El viaje fue muy rápido y sin problema. Ya teníamos alquilado el coche, así que enseguida nos fuimos a comprar para después instalarnos en nuestra suntuosa casa de Serpentona, a la orilla de la cala Galdana.

El tiempo estaba nublado, pero eso no nos impidió dar nuestro primer paseíto por el pueblo… casi desierto por lo de la pandemia.





Al día siguiente, caminata hacía la cala Turqueta, descubriendo el impresionante litoral de la isla. Todo un espectáculo, la verdad.





Pasamos por la cala Macarella y seguimos a buen paso hasta llegar a nuestra meta.










Allí nos quitamos la ropa de senderismo… y todos en bañador y a disfrutar de un baño en las aguas cristalinas de la isla. Un placer casi celestial ;-)





Al día siguiente, el tiempo estaba resplandeciente. Decidimos irnos caminando hacia la cala opuesta a las del día anterior, y personalmente, es la que más me gustó… la cala Mitjana y sus rocas para saltos hacia las profundidades luminosas.







Descanso, paz y ternura…




Al final de la tarde nos fuimos cantando hasta el Faro de Cavalleria con las trompetas a tutiplén para disfrutar de una impresionante puesta del sol.




Pasó un avión, dos gaviotas y Bernat intentó quitarme mi huesito. Pero no lo consiguió y pudimos despedirnos del sol con gran elegancia.









A la mañana siguiente, día de las marmotas. Descanso en la piscina de la casa y visita obligada de Benibeca, un antiguo pueblo de pescadores más blanco que las nubes del paraíso.







Todos posamos para sacar partido de nuestra inagotable belleza natural, alargando tranquilamente el día hasta disfrutar de nuevo de una tranquila puesta de sol.













El día siguiente nos encontró mucho más marchosos. Nos fuimos al otro lado de la isla hasta el faro de Faváritx con sus paisajes de fin del mundo.






Después las chicas tuvieron la fantástica idea de ir a comer la especialidad de la isla en un restaurante famoso de Fornell, Sa Rumbada. Aunque pintaba bien, la calidad y las porciones de los platos estuvieron muy por debajo de lo que nos costó la broma. Mi niña guerrera se puso muy fina y explotó como sólo sabe hacerlo ella. Desde entonces, ni los cangrejos se le acercan.






Nos fuimos a descansar un rato a casa para bajar un poco los ánimos y acto seguido, nueva puesta de sol, está vez en el cap D’ Artrutx, tomando un refresco a la sombra, pero no a salvo de los mosquitos.






Último día, ultimo salto del señor chuxo en su cala preferida, la de la Mitjana. Después, comida y fiestora en casa, todo para acabar cerca de Son Bou, donde todos conseguimos guardar el equilibrio.









Acabamos cenando en un sitio de lujo total, en un pequeño pueblo perdido cuyo nombre se me escapa, igual que todo lo que pasó después. Sé que nos lo pasamos bomba y que el día siguiente estaba en el metro de Valencia, camino hacia el restaurante Los Toneles donde nos pusimos como el kiko y la madre que lo parió.





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