La ruta se inicia justo al principio del pueblo de Serra y empieza con una subida muy ruda y, sobre todo, muy larga.
Rápidamente pudimos contemplar toda la aldea desde las alturas, pero el camino seguía y seguía subiendo.
Como es su costumbre, mi niña llego la primera a la cima, pero justo detrás de ella descubrimos el tesoro de estas montañas… su maravilloso y encantador castillo escondido.
Vaya grupito excepcional para emprender unas mini vacaciones que el Covid casi había conseguido arrebatarnos. Así que nos fuimos los cinco… igual que los mosqueteros, que ya hemos perdido la cuenta de cuantos eran en realidad ;-)
Después, pequeña bajada hasta el camino forestal… un paseo después de todo lo anterior.
Un rato después, escogimos un endiablado sendero que subía hasta las alturas sin piedad ninguna.
Llegamos con muchos esfuerzos pero sin pararnos hasta el Alt del Pi, 752 metros de desnivel positivo desde nuestro punto de partida, un logro con un regalo… a la altura de nuestros esfuerzos: una panorámica increíble de Valencia, la Marjal, la Murta y, más allá, el famoso Peñón de Ifach.
Después de la subida, la bajada, pero una de cojones, sí señores.
Cruzamos el riachuelo donde nacen los corazones y las mariposas, un lugar escondido donde, a veces, descansan los faunos del bosque.
Llegamos a Serra algo exhaustos. Unas birras acompañadas por unas tapas bajo la sonrisa llena de felicidad del cerdo glotón nos revivió los sentidos, preparados para el viaje de vuelta hasta el Nido Alto para, por fin, descansar en condiciones.








































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