miércoles, 19 de febrero de 2020

Un paseo con Bambú, Villahermosa del Río, enero de 2020.

Llegamos a Villahermosa del Río sobre las 13.30, la hora ideal para tomarnos una buena caña en la Ruta de Aragón, donde comimos como reyes platos tradicionales y del terreno,  muy bien servido y por un precio insuperable, allí quiero volver.

Después fuimos a la Posada del Río Carbo, totalmente perdida en medio del monte, donde nos recibieron Pedro, Luis y Bambú, animal de cuatro patas y pelo raso.



No perdimos tiempo y nos fuimos a visitar Puertomingalbo, un pueblo con una estructura medieval aún visible.



Hacía bastante frío, así que íbamos bien abrigados, con mi niña llevando su súper gorro multicolor dando un punto de alegría en medio de tantas piedras.









El pueblo es pequeño y en temporada baja no hay ningún comercio abierto, así que estuvimos paseando solos en medio de sus calles desertadas de vida y calor.



Por la noche, Pedro no dio una clase magistral sobre todas las constelaciones que se veían en el cielo. Al día siguiente, paseo con Bambú, nuestro guía y compañero de camino, una larga caminata hasta la cascada del Carbo, siguiendo el riachuelo del mismo nombre.






Bambú, siempre atento y preocupado, nos esperaba como un buen chucho de las montañas.








Había varios puentecillos de madera por cruzar y muchos antiguos molinos y casas abandonadas a lo largo del camino.









Bambú nos guiaba sin dudar, buen conocedor del terreno, de sus peligros y de sus bellezas.









Más caminábamos, más el cielo se despejaba, hasta tal punto que tuvimos que deshacernos de toda la ropa que nos protegía del frío que se había esfumado en menos de media hora.






Bambú llegó el primero a la cascada, con mi niña caminadora franqueando la primera la meta del día.




Cuánta belleza por compartir con mi niña, flor y amor de mi vida.



Bambú nos levó de vuelta hasta la posada, pero el temporal cambió por completo y nos quedamos tranquilamente leyendo el resto del día cerca de la chimenea del salón de la casa, con nuestros anfitriones contándonos historias del pueblo y de sus aldeanos.



Al día siguiente, niebla y lluvia, una jornada para quedarse leyendo al abrigo de la posada y de su delicioso salón. Volveremos, esto está más que claro. Nos fuimos a casa al día siguiente, librándonos por los pelos de un temporal de nieve que nos hubiera dejado incomunicado varios días.



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