Al día siguiente de nuestro paseo por las Puertas del Infierno, nos despedimos de la casa rural de Coratxar y nos fuimos a visitar unos pueblos de la Tinensa, primero pasando por Ballestar, una pequeña aldea realmente sorprendente.
Tomad nota amigos, que en el mesón del pueblo, sirven un “cremaet” que proviene directamente del Averno.
Nuestra meta del día era la de visitar el jardín de Peter, cerca de Puebla de Benifasar, una obra, que digo, un expectáculo mimetizado con la naturaleza donde los Dioses de la Madre Tierra obran día a día en un sepulcral silencio estremecedor.
Allí hay bestias cornudas, animales mordedores, otros pacíficos, ninfas del sol, toda una fauna esperando una mirada o bien una sonrisa para volver a cobrar vida.
En cuanto a la casa de Peter, igual que él mismo, es todo una obra de arte.
Mi niña flor fue sagrada Reina de los nenúfares y el chuxo pingüino saltarín.
No se puede uno perder el Museo de Peter, que todo lo que no está dentro se encuentra fuera.
Después de saludar al Croko y de besar al perro guardián, nos despedimos del silencio y de sus eternos colores.
De camino de vuelta, nos paramos en el Moli del Abad, cerca del embalse de Ulldecona, para despedirnos de nuestro viaje dignamente.
Después de la misa y de unas croquetas, paseo digestivo, embrujamiento chuxinezco y despedida final con hoja de roble mágico incluido.















































































































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