Con la llegada de la primavera y los primeros días templados del año, teníamos que coger nuestras bicis y dar unas cuantas vueltas por la Albufera.
Primero fuimos a ver los flamencos rosas escondidos en una parte remota de los arrozales, más allá del Puerto de Silla. Nos enseñó este preciado secreto nuestro amigo Salvador, perpetuo enamorado de las bellas aves.
Unos días más soleados más tarde, nos pasamos por el Centro de Interpretación Racó de L’Oll, verdadera maravilla para descubrir el fantástico mundo de la Albufera en su pleno resplandor poético.
Y con mi niña mariposa a mi lado, imposible no subyugar a todos los patos de la comarca.
En cuanto al silencio, era una de las bellezas de aquellos parajes.












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