martes, 26 de septiembre de 2017

Gordes, primera ruta de los Maquis, junio de 2017.

No hay duda alguna, esa fue nuestra primera gran excursión en la Provenza francesa. La ruta no es complicada, pero os advierto que puede resultar bastante larga.

Se empieza a bajar de Gordes por un antiguo camino donde las vistas del pueblo son espectaculares.





Después, se sigue un camino asfaltado que discurre entre una zona de chalets esparcidos en medio del bosque, eso hasta llegar, una buena media hora después, a un sendero más rupestre que discurre por la senda de los maquis, un bosque principalmente constituido por arbustos y arboles de tamaña medio.










El sendero sigue un laberinto sin fin de muros de piedra, con muchos cruces de camino que nos dejaron muy perplejos a la hora de seguir el camino correcto. Menos mal que estaba mi niña guerrera, brújula de mi vida, para indicarnos la buena dirección.





Llegamos al antiguo pueblo de los Bories, con sus típicas construcciones de piedras apiladas, un lugar realmente muy curioso. No tuvimos tiempo de pararnos para visitarlo, pero Bea la exploradora consiguió visitar una de estas chozas perdida en medio de la maleza. ¡Vaya exploradora!











Después, cabe decir que el camino se vuelve mucho más salvaje, las indicaciones siendo, a veces, más que escasas.






Si se baja, se sube… pero somos valientes y trepadores.





Seguimos caminando un buen rato hasta llegar a la abadía de Sénaque, un santuario totalmente escondido en medio del bosque.






Después de unos cuantos salmos, reemprendimos el camino despidiéndonos de los monaguillos y subiendo de nuevo una cresta más empinada que endiablada.






Por suerte, después el camino se vuelve más agradable, con regalos escondidos en medio de la vegetación.







Volvimos exhaustos a Gordes y con una hambre feroz. Menos mal que la nevera estaba bien provista de cerveza bien fresca, premio de cualquier caminante de alma soñadora.     







No hay comentarios:

Publicar un comentario