martes, 6 de diciembre de 2016

Viaje a Hourtin, agosto de 2016.

A levantarme, fue una verdadera alegría ver un cielo de un azul tan profundo desde el balcón de  casa de la tía. 

Aquel día teníamos que ir a “Hourtin” a visitar a Tina y Antonio de la Vega. Hacía más de dos años que no habíamos vuelto y me acuerdo que nuestra última visita fue extremadamente lluviosa.

Como es debido, llegamos a la hora del “Apero”, el mejor momento del día para celebrar con efusión y encanto nuestro reencuentro.



Después de una excelente comida, nos fuimos hasta la playa para disfrutar del frescor de las aguas así como de la sombra de los magníficos bosques de pinos que bordean el inmenso lago, uno de los más grande de Francia.




Mi niña, Sirenita de mi vida, revoloteó encima de las aguas hasta posarse sobre un catamaran, propiedad del viento y de las nubes. Nos cantó una canción y volvió a la orilla rodeada por peces altruistas además de silbadores.






Mientras tanto, el chuxo lo fotografiaba absolutamente todo. Hasta su sombra que no consiguió escapar de su concisa mirada de lince de las playas.






Acabamos con las fotos de conveniencia para dejar constancia del cariño que nos une a todos. Después, Cognac del bueno y vuelta a casa, todos cantando a tutiplén en el interior del coche. No nos paró ni los gendarme y aún menos la policía local que se quedó en su bocal.




No hay comentarios:

Publicar un comentario