miércoles, 5 de agosto de 2015

Bochorno en Xàtiva, abril 2015.

El día había empezado con una oleada de calor poco habitual para estas fechas. Como Xàtiva está a un tiro de piedra de casa y que, piedras, no nos faltan, decidimos pasar el día en las cimas para ver si conseguíamos refrescarnos un poco.

Mi niña trepadora abrió el camino y subimos hasta llegar más alto que el campanario de la ciudad. Pasamos cerca de una antigua ermita silenciosa y seguimos nuestro acalorado periplo hacia las cimas.

Ese día, el señor chuxo tenía más ganas de bajar que de subir, lo que complicó bastante el pequeño paseo.







Al llegar en el castillo, mi dulce reina de las nubes se fue en busca de la torre de las dulcineas. Se buscó y rebuscó por todas partes, removiendo montañas hasta caer en un paraíso de frescor y cariño.




En el paseo de guardia, hubo varios movimientos de tierra que casi acabaron con el buen chuxo caminador.




Decidimos regresar hacia la falda de la montaña, donde descubrimos un excelente restaurante adosado a la parroquia de las cabras salvajes, un lugar tranquilo y idóneo para olvidarnos del calor y de las fatigas del día.



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