¡Cuantas vueltas en bici! Un verano entero pedaleando, cruzando los verdes campos de arroz, huyendo del calor buscando un poco de frescor.
A lo lejos, el silencio nos daba la bienvenida y nos abría las puertas de nuestro pequeño paraíso. Con mi bella niña siempre delante, íbamos cada vez más lejos en busca de paz y sosiego.
A la vuelta, el sol se despedía ofreciéndonos increíbles contrastes de colores, transformando durante unos minutos los tranquilos campos en bellísimas obras Impresionistas, el momento idóneo para besar a mi dulce flor, bella de mi vida, y así despedirme del día dando la bienvenida a las inconfundibles maravillas de la noche.
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