Justo detrás de la Murta está la Casella, con sus numerosas sendas y caminos serpenteando por ambos flancos del valle que se termina en Alzira mismo. Estos parajes son un poco más concurridos, pero ofrecen muchas más opciones al senderista intrépido.
Al principio del camino, la vegetación es bastante frondosa. Incluso hay una reserva con unos cuantos ciervos curiosos. Pero todos los senderos suben hasta llegar hasta los flancos de las montañas pobladas de matorrales y espinosos más áridos.
Pero con mi dulcinea de los montes caminando delante, hasta la brisa se vuelve poética al ver pasar a mi bella musa de las flores.
Lo bueno del lugar es que una vez llegando arriba del primer valle, el aire del mar te proporciona un frescor más que bienvenido. Además la vista vale el esfuerzo. Es a partir de allí que los senderos se separan, perdiéndose cada uno hacia nuevas aventuras.













Me encanta la Casella y me gusta mucho más contigo mi amor...
ResponderEliminarToooodos los caminos se hacen eternos a tu lado, bella niña guerrera.
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