lunes, 20 de agosto de 2012

Saint Émilion, agosto 2011


Saint Émilion, un paseo bajo la mirada de Bacus, el santo bebedor.

Antes de despedirnos del Entre-deux-mer, teníamos que visitar de nuevo Saint Émilion, un magnifico pueblo medieval muy conocido por la excelencia de sus vinos. 

Nuestros largos paseos del año pasado nos habían hecho descubrir un entramado laberinto de calles pavimentadas que nos dejó a los dos totalmente maravillados. 

Curioseando en unas tiendas, unos peregrinos nos comentaron la existencia de unas oscuras bodegas subterráneas... dejándonos con las ganas de volver en un futuro viaje. Ahora que habíamos vuelto, no nos podíamos perder tales maravillas escondidas de la luz del sol.

Allí abajo nos esperaba otro mundo bien distinto del que nos habíamos imaginado.










Las fotos hablan por si solas, sólo les falta el tacto de esta humedad ancestral que perdura allí abajo desde tiempos remotos. Imposible perderse en estos profundos túneles, la mayor parte antiguas canteras de piedras con las que se construyeron casi todos los edificios emblemáticos del pueblo. Y en la oscuridad, aguardando tranquilamente el paso del tiempo, estaba el vino, el néctar de los dioses.












Una vez de vuelta a la superficie, el brutal contraste de las viñas a punto de dar a luz, nos dio a entender algunos de los secretos de estas tranquilas tierras donde aún perdura una sabiduría ancestral.





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