sábado, 3 de mayo de 2008

Fallas en Valencia, marzo 2008

Valencia, martes 18 y miércoles 19 de marzo.

Temporadas de Fallas, noches y días de descanso prohibido, para compartir compartimientos de momentos desenfrenados, rezar a la luna y cambiar de solsticio estacional.

Pasa el fuego y sigo con frío. Los pies se hacen rebeldes y el alma testaruda. Somos furias de la noche, moribundos en males de amores, paisanos del mar nocturno, todo y nada al mismo tiempo.

Me mudo en payaso y sigo hablando con certeza. Decididamente, no hay remedio frente al dios de la palabra. Soy el mago de los suspiros, sin espina y con cola incluida.

Hombrecitos de la estratosfera lógica, bienvenidos al mundo espárrago.


La diosa de la noche nos ofrece una dulce sonrisa y la bienvenida.

Las musas bailan con el mar, el mar con las estrellas, y las estrella sin las sirenas…

Si, son muy bellas las reinas del firmamento, aunque muy altas en el altar del cielo.

Detalle andrógeno de tres pigmeos de sonrisa ancha mirando las tetitas de la felicidad…

Aunque la felicidad parece exhausta de tantas miradas. Pero no me desanimo y le muerdo una de sus tiernas nalgas. No temed, llevan perfume de nostalgia.

Aunque a unos les parece que falta fuego…

Yo miro al maestro de las llamas llegar con relámpago.

Aquí está el peregrino. Baila, baila morena, que la cola del amo no tiene desperdicio.

¿Impresionada, nena?

Que va… nos llaman las llamas, sin miedo ni remedio.

Se prepara una buena, todos estamos pendientes de la gran expectativa.

¡Ya está! El hombre pavo se ha despertado.

Al día siguiente, las sonrisas siguen intactas…

Aunque se suelen esconder las miradas del cansancio tras una ventanas oscuras.

Un beso para olvidar los secuelas del pleno sol.

Momentos de disfrute, cuando aromas y pensamientos se vuelven fantasmas.

Hay que explicar porque la nada no tiene final. Me enciendo y sigo humeando.

Se ha acabado el fuego. El aire se vuelve tierno… ya es hora de volver a casa.

Decidido, emprendo mi cruzada la barriga bien ancha. Mi mirada no tiembla y mi paso quizás me lleve hasta el paraíso de las almas muertas.

Quedan desperdicios vagabundos, restos que la noche se ha olvidado.

Sin el fuego, la realidad es bien distintas…

Quedan colores, pero la magia ya no está.

Carpas de almas vacías, mostrador sin nadie a la espera, cenizas abandonadas a su funeste destino… así quedan los días que siguen las fiestas.

Hiero frío a la espera de la nada…

Regimientos de fieros testarudos olvidados.

Un último recuerdo… No, hoy no habrá más paella.

¿Sorprendido? ¡Qué va!… sólo me esfumo tras el espejo de los recuerdos.

1 comentario:

  1. los recuerdos juegan al escondite en nuestra mente, nada es cierto entre las oleadas de las imágenes que se agitan hasta en nuestro inconsciente.

    Aquí unas flores, pétalos para evitar el olvido.

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