lunes, 28 de julio de 2008

Albarracín, junio 2008

Albarracín, del miércoles 25 hasta el domingo 29 de junio.

Nuevas andadas por las praderas invisibles, en busca de una musa, de un sueño… o simplemente para volver a encontrarse detrás del espejo, la mirada iluminada de una nueva sabiduría.

Cada uno escogiendo su propio sendero, nos volvimos a encontrar al final de un largo camino en solitario.

Así son las almas, siempre con un final predestinado.


Las murallas de la cuidad nos vigilan, y emprendemos el camino que nos llevará hacia las cimas.

Como es de costumbre, con apenas un susurro el silencio nos da la bienvenida.

Nuestros pasos ni despiertan curiosidad.

Fantasmas recorren las calles del olvido, invisibles pero siempre presentes.

Silenciosos, no queremos despertar a ninguno de sus habitantes, incluso los más pequeños.

Paso a paso, seguimos nuestra búsqueda de lo imposible.

Unos miran a lo alto por si aparece su musa.

Pero no hay nadie detrás de la ventana oscura…

Otros, quizás más expertos, se centran en sus orígenes, bajando la mirada en señal de recogimiento.

Pero la urna sigue vacía.

El pilar del tiempo mide nuestra paciencia.

Las prisas no son de buen consejo, ya lo sabemos… No hace falta levantar la mirada hacia el cielo.

Decidimos bajar en busca de un pasaje, de una puerta hacia otro mundo.

Y la encontramos, que nos esperaba a la esquina de una muralla perdida.

Entramos hacia fuera, a pleno sol. Monsieur le Txema decide abrir el camino, él sabe de que va el juego.

Las primeras sombras acogen nuestros pensamientos.

Bajo nuestros pasos: unos recuerdos olvidados.

Ruda se ven las pieles de los árboles.

Detrás de una colina, un fragmento de paraíso.

La rueda de la vida sigue dando vueltas, imperturbable…

Sus ríos se vuelven tormentosos.

Impetuosos.

Imperturbables en su afán de seguir por adelante.

Pero después de la tormenta, siempre se impone la tranquilidad.

En el reflejo de la pasividad, todo se ve al revés, dándonos un nuevo punto de vista, un nuevo centro de atención.

Perdidos entre las ramas de nuestros pensamiento, el camino puede volverse inextricable.

Hay que recogerse, concentrar su atención.

El neófito tendrá tendencia en querer evadirse, alzando sus deseos hacía las nubes.

Pero allí arriba no se le permitirá ver la luz, aún es demasiado pronto.

Cansados, buscamos alguna pista, algún refugio.

Los aldeanos nos reciben la mesa puesta.

Los platos sencillos nos abren el apetito.

Consigo transforma el vino en agua, pero mi magia no parece convencer a ninguno de los convives.

Caída la noche, la luna baila con las nubes. Mañana nuestro despertar seguirá feliz.

¡Ja Ja Ja! Era todo engaño”, dice monsieur le Txema. “¡Yo soy el pintor de este cuento absurdo!

------



1 comentario:

  1. jajaja, los peces no tienen hora...

    y añadiría ni tampoco bocinas para circular bajo el mar.

    ResponderEliminar