Benitandur, el domingo 20 de enero.
Para huir de la monotonía repetitiva de la cuidad, habíamos decidido escaparnos por unos montes que se decían encantados. Una leyenda contaba la historia de una bella princesa prisionera de un temible dragón, y los que me conocen saben de mi pasión por las princesas de papel y cartón, con o sin dragón.
Para huir de la monotonía repetitiva de la cuidad, habíamos decidido escaparnos por unos montes que se decían encantados. Una leyenda contaba la historia de una bella princesa prisionera de un temible dragón, y los que me conocen saben de mi pasión por las princesas de papel y cartón, con o sin dragón.
Por fin llegamos al lago encantado. Aunque la haya buscado en cada rincón, ni rastro de princesa ninguna… A mis espaldas, la cola de un dragón de mareo que se aleja en las profundidades pantanosas.¡Lo habéis visto!
Pedimos nuestro camino a un cazador de almas perdidas, pero el sigiloso animal decide huir de nuestra noble presencia sin contestar a nuestras demandas.
Entre olas sinuosas, seguimos nuestra caminata entre sol y sombra. Aquí, ningún recuerdo para el olvido.
Por fin llegamos en el desfiladero de salida, nuestras almas salvadas. A lo lejos, el silencio se apodera de las colinas. Hemos llegado a tiempo.















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