La primera odisea del Equipo A fue la de conseguir llegar hasta la Cala Treumal, pasando rápidamente por Blanes para enseguida meternos en un precioso sendero escarpado que sorprendió a los miembros menos caminadores del equipo. Pero al Equipo A se la suda y hace lo que le plazca ¡punto, coma y gomita!
El litoral es espectacular y las vista de lujo total. En cuanto al agua, está casi más fría como la del polo Norte, pero el Equipo A está vacunado en contra del calor y del frío… y además es invencible, que se sepa.
Volvimos mojados hasta un bar de playa donde nos hicimos la foto final que inmortalizó esta cortita escapada sin bajas alguna. Menos mal porque somos pocos, aunque buenos.
Por la noche, el Equipo A se atrevió a una visita nocturna del casco antiguo de Blanes. Subimos y bajamos para volver a subir. Unos se quejaban de la inconsistencias de nuestras metas y bajaron más rápido que subieron.
Acabamos pringados de frío en una terraza chill out con todo el infinito para nosotros solos. Se levantó la luna y nos fuimos a descansar como buenos intrépidos que somos.
Al día siguiente nos fuimos de visita hasta Begur, con un Equipo A con pocas ganas de caminar, salvo los Chuxines. Pero no cuentan por ser demasiados ladradores. En fin, vimos poco, pero lo vimos muy bien.
Acto seguido nos fuimos hasta el Antic Casino de Pals, un restaurante impresionante donde el Equipo A dio lo mejor de sí mismo. Después, cortito paseo digestivo por las hermosas callejuelas del pueblo, buscando un poco de sombra sin conseguir encontrar algo de real alivio.
Después de un día de playa, el siguiente fue de lluvia, nada mejor para ir a visitar el Jardín botánico. El señor Chuxo vino porque lo había entendido mal y cuál fue su sorpresa al descubrir que no había ningún tipo de jardín satánico. ¡Pobret animalet! En fin, había verde, plantas, arbustos y pececillos. Algo es algo, no nos vamos a quejar a aquellas alturas de la situación.
En cuanto al Jardín botánico, es más botánico que satánico, era de preveer. Hicimos muy bonitas fotos en una vorágine de idas y vueltas embriagadoras que nos dejaron a todos más tontos que exhaustos.
Hubo combates de lucha libre, cambios de pareja, declaraciones amorosas, charlas sin sentido, bailes atípicos, nenúfares estrambóticos y pinos puentes, un conjunto alucinante para una mañana de suspiros lentos.
Al día siguiente y para acabar con aquella curiosa escapada, partes de los miembros del Equipo A, los más valientes, hay que subrayarlo, se fueron de visita hasta Girona, con toda la artillería puesta por si hacía falta. Ser precavido es el secreto de la longevidad del Equipo A.
En cuanto a Girona, es bella, grande, y el gran jardín amurallado puede conseguir agotar al más valiente de los caminantes. Pero el Equipo A es famoso por su valentía, sobre todo a la hora de tomarse unas cuantas cervezas. No obstante, vimos mucho más de lo que no vimos, lo que no está nada mal para despedirse como es debido.
No pudimos resistir probando el famoso Ratafia, el icónico alcohol de los piratas, sin olvidarnos de unos cuantos helados pijos que dejo al señor Chuxo con más ganas de Ratafia.
Fin de la diversión y vuelta a casita ladrando y con el pelo al viento, sobre todo para los que tienen melena, los otros a callar… y a ladrar.



























































































































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