Los inmensos atardeceres de la playa de Erromardie son el esperado espectáculo de cada fin de jornada. Que el día haya sido soleado, lluvioso o bien nublado, agradecemos al gran océano por sus irrepetibles despedidas diarias.
Como nuestro Nido de Verano está situado a unos veinte metros de la orilla, no nos perdimos ni una migaja de los últimos cambios de colores del cielo, disfrutando juntos de la belleza ofrecida.
Hemos hecho de esta lejana playa nuestro refugio de cada verano, y los suaves efluvios de las grandes olas nos siguen más allá del final de las vacaciones, recordándonos que parte de nuestro corazón sigue allí hasta nuestra próxima vuelta al paraíso.
































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