Normalmente, la ruta empieza en el parking de la presa “Des Gloriettes”, pero nos acojonamos por la estrechez de la carretera y subimos a pie desde el “Gave de Héas”, una buena subida por carretera y a pleno sol.
Mi niña bella de la selva estaba en plena forma, además las vistas hasta el valle nos animaron a seguir subiendo a buen ritmo. Desde allí arriba pudimos vislumbrar lo tortuosa que era la carretera.
La caminata empieza realmente a partir de la presa que ofrece un estremecedor reflejo de los montes y del cielo. Al principio, se sigue el riachuelo, el “Gave d’Estaubé” y sus sutiles cascadas de agua, caminando en medio del gran valle solitario por un sendero muy agradable, y que ofrece panorámicas dignas de los Dioses. Comparado con Gavarnie, la afluencia de turistas y curiosos es nulo, aquí sólo hay caminantes.
Estos parajes hacen parte del habitat privilegiado de las marmotas. Suelen esconderse y ser muy escurridizas, pero si uno se queda tranquilo, se puede observar a unos cuantos de esos furtivos animales. El respeto lo es todo.
Seguimos avanzando siguiendo el riachuelo mientras el temporal parecía cubrirse. Posiblemente las aguas del suelo llamaban a las del cielo.
Más nos acercábamos al circo, más la tierra era de pastos, con vacas y ovejas diseminadas a lo largo del espacioso valle.
Elegimos el sendero que subía hacia una parte más elevada para tener una vista completa del gran circo d’Estaubé, pero empezó a chispear y emprendimos el camino de vuelta a muy buen paso, mi sirenita, como bien se sabe, es de agua salada.
Volvimos sin problema al barranco donde nos hicimos enseguida unos cuantos amigos, librándonos del a tormenta que, al final, decidió apoderarse de todos los valles una vez vuelto a buen recaudo en el camping de Luz-Saint-Sauveur.




























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