El día había salido lluvioso, lo ideal para ir a comer a España con Phil, hombre de buen paladar y de ideas firmes. El pueblo de Hondarribia, un viejo conocido nuestro, estaba muy poco concurrido, con muchos comercios cerrados. Hasta nos costó encontrar un buen restaurante para sustentarnos debidamente.
De camino fuimos a tomar unas tapas con un amigo de Phil, el mismo que le vendió el mítico Monte Mimiague donde se está construyendo un albergue de cuatro estrellas, que conste.
Encontramos un pequeño restaurante, el Itsaspi, y la verdad nos lo pasamos en grande, disfrutando de uno de nuestros últimos días de vacaciones por tierras Vascas.
Después, paseo de los recuerdos, con la certeza que la memoria compartida nos hace caminar siempre hacia adelante en el sendero de los recuerdos.
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