La mañana nos pilló con frescor, aunque no había duda que el día iba a ser caluroso. Mientras tanto, el pequeño pueblo de Estubeny despertaba con el canto de los pájaros y el perfume de los naranjos en flores.
Un autóctono del lugar nos aconsejó empezar la ruta al revés, por la solana de la montaña para evitar el rocío de la noche que había dejado los caminos muy resbaladizos… Y así lo hicimos, empezando con buen pie nuestro pequeño periplo.
La ruta es de principiante, por lo menos hasta cruzar el riachuelo que lleva hasta la Gruta de los vikingos y la cascada del Gorgo Gaspar ya que el camino discurre sobre una tierra compacta y muy resbaladiza… hay que tener un mínimo de cuidado porque la hostia puede ser de categoría.
Una vez llegados a la cascada, el espectáculo es sencillamente impresionante, con mi niña mariposa revoloteando en un sin parar de felicidad.
Un vez nuestra abluciones hechas, volvimos por el mismo camino para dar la gran vuelta que nos llevó rodeando el pueblo de Anna, siguiendo nuestro recorrido por unos senderos agrestes y una pista forestal que cruzaba un frondoso bosque de pinos que no parecía tener fin.
Después de unas horas de caminata, volvimos a Estubeny para seguir bajando hasta la Cabrentà, un castillo de rocas y encantos que no hay que perderse para nada en el mundo. Os aconsejamos perderos en su intrínseco laberinto que os llevará hasta la cima de gran monolito.
De hecho, descubrimos la cueva de los huevos del Santo ermitaño, petrificados en la roca desde tiempos inmemoriales. Hay que verlo para creerlo.
Mi niña, siempre juguetona, bailaba entre los árboles y las numerosas flores de colores sutilmente esparcidas a lo largo del camino. Caminar al lado de mi bella es uno de los mejores regalos que me ha ofrecido la vida.
De vuelta al pueblo, no tuvimos más remedio que irnos en coche hasta Anna para comer carne y embutidos a la brasa en el Gastro bar de la plaza Anna, un lugar altamente recomendado. Inútil añadir que nos pusimos como el kiko y que volvimos a casa inflados a base de bien.






























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