Nos reunimos en la casa azul de Venta del moro, pintada con amor y cariño, eso sí, con las sobras de la pintura para la sede del PP, que Dios les tenga misericordia, entre otras cosas.
Además de nuestros anfitriones Ada, Juan y Marta, estaban presente mi bella niña flor, Bea, monsieur le Txema y el fabuloso Bolo, animal rastreador como no los hay.
No hicimos muchas fotos, por eso la escasez de celuloide. Lo cierto es que disfrutamos mucho del pequeño patio donde pudimos comer, leer, charlar, reír, soñar, bailar… sin olvidar nuestro pasa tiempo favorito: la caza de las moscas.
Aún así nos fuimos de paseo, dando vueltas y revueltas en medio de los matorrales, azotados por la maleza y los espinosos salvajes.
Otro día fuimos en busca de las famosas encinas de más de 500 años, que encontramos después de un largo rodeo, pero sin caballo.
También nos fuimos a bañar, primero en las Hoces del Cabriel, un amigo mío que os presentaré algún día. También nos fuimos a las Chorreras de Enguídanos, donde fuimos recibido como si no hubiera un mañana y donde monsieur le Txema se hizo amigos para toda la vida.
Por las noches, cena frugal entre amigos, mirando estrellas y restos de astros. Está claro que volveremos, quizás para pintar o bien cantar, ya lo averiguaremos en su debido momento.

















Maravilloso reportaje 😊
ResponderEliminarMe alegro que guardéis buen recuerdo a pesar de las moscas, que ese fin de semana, en su fábrica, les habían dado días "moscosos", por lo visto... 🤣
Cuando queráis! allí estará la casa azul para vosotros ❤️