Frente a la ventana del mar, el silencio esperaba su momento para despertarse. La brisa soplaba suave, inmersa en sus cuchicheos invisibles. El sol aún latía en todos nuestros corazones... y nos hubiera gustado a todos seguir caminando juntos por mucho más tiempo.
Entrelazadas son las raíces de la vida. A veces, aunque se pierda algo valioso durante ese largo periplo, su vivo recuerdo debe iluminar nuestros pasos para siempre.
Tras el dulce perfume de mi bella sigue latiendo mi corazón. Mire por donde mire siempre aparece, sonriéndome para apaciguar la soledad que, a veces nos sorprende cuando menos la esperamos.
Dicen que las sirenitas sólo miran hacia el horizonte, allá, donde el sol nace y muere cada día.
Al lado de la fuente de la vida somos todos peregrinos. Beber de su agua es un milagro pocas veces concedido.
Juntos, es así que tenemos que perdurar en nuestros recuerdos. Y aunque unos ya no estén entre nosotros, siempre queda su amor acunándonos hasta el final de nuestra eternidad.
























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