jueves, 18 de octubre de 2012

Le Midi Pyrénée, septiembre 2011


Seguimos nuestra peregrinación por el Midi Pyrénées, con lluvia, viento y mucho encanto.

El día había empezado lluvioso, muy lluvioso. Y con nuestra ropa de verano puesta sobre los huesos, ni os cuento. Pero al llegar a Autoire, el cielo se despejó un poco, regalándonos algunos de sus más cálidos rayos de alivio.

Antes de llegar, la vista ya era preciosa. El pueblo... realmente encantador, con sus torres, sus mazmorras, sus calles estrechas, sus tejados puntiagudos.






Y entre tantas bellezas, no faltaba ni mi dulcinea, más guapa que el sol de nuevo ausente.








Quisimos seguir nuestro camino por una senda que llevaba del pueblo hasta una impresionante cascada escondida en las profundidades del bosque, pero el temporal se volvió tan infame que, con el corazón apenado, tuvimos que volver sobre nuestros pasos.




Llegamos a Loubresac bajo una neblina lluviosa. En las alturas, el pueblo  nos apareció como un fantasma. Lo primero que hicimos fue tomar una buena cerveza en un antro bien poco acogedor, aunque las cañas  fueron de gran alivio.




Bajo la lluvia, seguimos nuestra visita, un mapa de papel entre mano que se deshizo poco a poco mientras seguía lloviendo. Pero la visita valió la pena, aunque por culpa del mal tiempo no pudimos hacer tantas fotos como nos hubiera gustado.






Después de un día entero pasado en la carretera y bajo la lluvia, el cielo se estaba oscureciendo al llegar al pequeño pueblo de Carennac. Lo primero que nos sorprendió es que se podía llegar hasta la aldea por una senda de tierra que empezaba su recogido muy por abajo del pueblo. Todo muy frondoso, por cierto.





De hecho, no vimos ni una sola alma cruzar las calles solitarias donde resonaban nuestros pasos además de unas lejanas campanas. Un animal de piedra, por lo visto muy trepador, fue el único en observarnos con un ojo miedoso antes de salir pitando hacia las alturas de una cornisa románica.








El anochecer nos sorprendió por completo, oscureciendo el pueblo tan rápidamente que tuvimos que volver al coche a gatas. Menos mal que tengo un sentido de la orientación fenomenal ya que siempre consigo encontrar mi camino. Conmigo, no se pierde ni Dios.



No hay comentarios:

Publicar un comentario