lunes, 22 de junio de 2009

Valencia, mayo 2009

Dulce primavera en Valencia, un paseo en la ciudad en mayo.

Los días pasaban solitarios, el sol tocaba a la puerta invitándome a salir, así que cogí la bici y me fui al azar de las calles, buscando un rincón de frescor para escapar de estas primeras olas de calor.


Fiel guardián de la ciudad, el Miguelete se alza hacia un cielo inmaculado.

Buscando refugio en los callejones, hay que escoger la buena puerta, la que da hacia el Edén prohibido.

Solitarias torres se ríen de mi infructuosa búsqueda…

Paredes de recuerdos me cuentan su historia.

Inmóviles, bellas fachadas me ven perderme en el corazón de la urbe.

Calles cortadas dan hacia otros lugares que aún me están prohibidos.

Y siempre estos extraños jeroglíficos diseminados en cada rincón oscuro.

Paredes y torres…

Inmuebles vacíos de silencios…

Techos sin tejados…

Y por fin la puerta de mis deseos.

Un lugar para descansar lejos de la fiebre de las calles.

Casi solo, acompañado por un bello amigo que ni me hace caso…

¿La culpa la tendrá este endeble volátil?

3 comentarios: