jueves, 22 de enero de 2009

Dardenac, diciembre 2008

Dardenac, del 20 de diciembre hasta el 2 de enero.

De nuevo en tierra conocida, volviendo una vez más y como cada año hacia la dulce cuña de los recuerdos. El pequeño pueblo, lentamente, sigue su recorrido en el tiempo. Los mismos caminos siempre llevan hacia los mismos secretos, pero es bueno, una vez al año, sentirse amado y en seguridad.

Allí, bajo el cielo, nada tiene importancia.


La cabeza hacia las nubes, emprendo mi camino diario, sereno y confiado en no descubrir absolutamente nada nuevo.

El azul es bello. Como monsieur Klee, nunca me canso del inconmensurable espectáculo del infinito.

Las puertas existen sólo para ser franqueadas… Detrás, un laberinto de maleza explora los espacios vacíos.

El caos tiene su orden. Contemplad su silencioso murmullo.

Unos pasos más allá, y es el camino mismo que me recibe con una noble reverencia.

Verde eufórico, vida temblando entre la dulzura del suelo.

Filosóficamente, todo llega a transformarse… pero nunca la belleza desaparece.

Los muertos se erigen, secos y ordenados…

Aquí las tumbas yacen en buena compañía.

En el hueco del olvido, la vida nunca se va del todo.

Gigantes se abrazan antes de emprender el largo viaje de donde nunca nadie vuelve…

Sus lagrimas son el único testimonio de futuras vidas en espera.

Mi mente se topa con las dientes agudas de una pared.

Nadie en el balcón de los suspiros…

El pasaje hacia el paraíso aún está cerrado.

Miro mis pies y veo castillos.

Levanto la cabeza y algas zarpan entre los árboles.

Los vigilantes siguen impasibles a mis palabras…

Otros, caídos de viejas guerras, ennoblecen los caminos desolados.

Heladas, sus plegarias siembran las hierba de lagrimas transparentes.

El camino de retorno siempre es el más largo. El es mi preferido por ser el más nostálgico.

Los latidos de mi corazón quiebran las oleadas de la niebla.

Como cada día , llegaré justo a tiempo antes de la oscuridad.

En mi memoria, el túnel de los recuerdos se ilumina una vez más.

El fuego se consume procurándome calor.

Un ángel pasa y toca música. He vuelto entre los míos, y mañana... volveré de nuevo hacia los mismos senderos.

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Fiero, el viejo general monta guardia, animando a los fantasmas con cantos y promesas de bailes.

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