lunes, 30 de marzo de 2026

Vuelta a las andadas de los Chuxines, Pinet (Valencia), marzo de 2026

Por fin, hemos vuelto a salir del Nido Alto. Mini pandilla de tres, con seis patitas, recorriendo Pinet donde no había pinos; Cuatretonda, que eran cinco y nada tontos;  pasando por la cima de La Peña donde no había nadie.

Lo cierto es que Pinet es chiquitín, pero encantador. Se nota que les gusta la juerga, en general, mi general. En cuanto a la iglesia, su frontón eclesiástico es todo un poema.





Como siempre, mi niña trepadora abre el camino. Parece enfadada, pero no lo está: camina así de decidida.





Al principio, todo es roca; después, matorrales bajos. Esto permite al caminante disfrutar de panorámicas que evolucionan a cada paso. El arte está en caminar lo más lejos y alto posible para contemplar mejor el bello valle, con vistas hacia los pueblos circundantes.









Vimos muchas flores, muchas abejas y unas cuantas mariposas, de las cuales mi niña de las flores es gran amiga.





Caminamos por arriba y por abajo sin perder nunca el norte, pero una cuadrilla de toros nos impidió seguir recto. Así que cruzamos campo a través como verdaderos jabalíes y, sin perdernos gracias a nuestra guía de lo silvestre, conseguimos retomar el buen sendero… con unos cuantos arañazos sin importancia. Sí, los Chuxines lo pueden todo.

















Después, todo es bajada entre bosques de bosques de pinos sin pinos y senderistas sin senderos, hasta llegar al pueblo… sin gota de cerveza… ya que el bar estaba cerrado.









No pasa nada: fuimos al pueblo de al lado, Llutxent, al bar restaurante L’Alter, donde los de Telefónica nos pusieron las pilas


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